36 Viviendas de Protección Pública en Ciudad Pegaso, Madrid. 2002-2005

Puede comprobarse en las plantas cómo se accede a cada vivienda por un pasaje profundo, una desproporcionada jamba que agranda el valor del umbral de la casa sin apenas coste de superficie útil computable. Mediante ella se llega a la casa en el centro, al corazón, lo que supone un ahorro considerable de superficie. Este procedimiento de ingreso a cada vivienda adquiere mayor valor en la última planta, en el ático del edificio, donde desaparece el vecino de arriba, desaparece vivir en un piso, y el techo, entonces, recupera, como techumbre, la vieja carga del cielo. La galería que transcurre bajo cubierto en los pisos inferiores, es entonces un camino al aire libre por el que cada propietario se dirige a su casa, a la que distingue desde lejos. Para la construcción se ha utilizado casi exclusivamente ladrillo. Los ladrillos se han colocado al revés, por la cara mala, donde los cuidados por la pureza del color y por el acabado de la superficie, al ser menos rigurosos, han producido, sorprendentemente, piezas de tonalidades y texturas mucho más vivas. Con ladrillo se resuelven también los petos de las galerías de acceso a las viviendas. Se emplea en este caso un aparejo distinto, menos masivo, para expresar que las piezas cerámicas, al soportar ser colocadas así, casi no pesan. Los mismos ladrillos, con sus agujeros expuestos se utilizan para el cerramiento de los tendederos de la última planta. Algunos paramentos verticales se tratan con baldosín catalán, afín al ladrillo en color, en tamaño y en su falta de novedad.