Bajo comercial convertido en loft.

Bordeando el salón, esta vez por su flanco izquierdo, recorremos una pasarela de hormigón sobre la que han sido empotrados tres potentes haces de luz que bañan de forma rasante una pared desnuda de ladrillo artesanal. Al final de ésta nos topamos con una hoja de batiente de roble macizo, sin cerrojo ni tirador, que funge como puerta “siempre abierta” hacia las estancias más íntimas de la casa.