Casa Des-quadrada

En este proyecto, es la propia forma de la parcela la que configura los espacios, los volúmenes y la composición del cuerpo edificatorio, donde el dinamismo y el recorrido por su interior se convierte en un juego en el que el usuario se siente partícipe del mismo, dotando a la casa con una personalidad identificativa propia. En este sentido de la cuarta dimensión, los espacios interiores también se van alterando a lo largo del día según por donde se produzcan los reflejos de las luces en los paños blancos internos y externos. San José del Valle se encuentra al borde de la Campiña gaditana con la Sierra, originándose como una colonia para la explotación agrícola que formaba parte de la ciudad vitivinícola de Jerez de la Frontera. En este sentido, su núcleo originario se conforma mediante un entramado con un ritmo de viviendas adosadas idénticas interesantes desde un punto de vista social. La independencia del municipio y su desarrollo en las últimas décadas ha hecho que el núcleo se extienda en su perímetro donde el borde urbano mantiene un interesante vínculo con el paisaje natural agrario que le rodea. En este contexto, la parcela donde se ubica nuestra vivienda forma parte de este parcelario perimetral, cuya forma se ha adaptado trapezoidalmente a las paralelas del viario existente. Esta zona de extensión no se encuentra aún colmatada, siendo evolutivo su proceso edificatorio donde las ordenanzas permiten la libertad de proyectar formas arquitectónicas de diversas tendencias. A partir de las paralelas de esta parcela trapezoidal, se organizan los distintos volúmenes que conforman la vivienda, siendo el núcleo vertical de escaleras el que articula el resto de cuerpos. Mediante el retranqueo de la fachada se consigue crear un espacio libre previo a la vivienda que hace las veces de solárium y piscina, donde una terraza cubierta y un paño continuo de vidrio enfatizan la entrada y producen el vínculo interior-exterior de la casa. Con un programa ajustado, se busca la funcionalidad en planta y la espacialidad en sección, donde la luz es el objetivo como vivienda entre medianeras que es. De esta forma se crea una planta baja diáfana con el programa de día donde el salón articula los espacios interiores y exteriores. De forma más íntima se reserva un pequeño estudio. El núcleo de escaleras se vuelve sobre sí mismo como un elemento opaco que hace el acceso al resto de plantas con un gesto de mayor privacidad. En la planta primera se ubican los dormitorios donde una pasarela abierta a una doble altura relaciona la uniformidad espacial de la vivienda. Este espacio atraviesa la totalidad de la edificación haciendo derramar la luz de diversa manera durante el día. En el ático, que remata el cuerpo de escaleras para el acceso a la terraza, se realiza un quiebro en la cubierta de forma que la misma se convierte en mirador del entorno paisajístico agrícola. Esta transversalidad se acentúa mediante la apertura horizontal de toda la planta que se pliega creando una sección interesante desde una perspectiva espacial. Materialmente, el blanco es el color elegido para resaltar aún más los austeros volúmenes edificatorios que se resaltan con el juego de luces y sombras proyectadas sobre ellos mismos. El único contraste se realiza en el cuerpo opaco negro que se resalta en el exterior y que conforma el núcleo vertical de comunicaciones, ejecutado con piezas de pizarra. En los suelos se elige la madera como el material más cálido y confortable. El patio trasero que quiebra la planta garantiza la ventilación natural en toda la casa aliviándola y dotándola de una luz norte más difusa.