SUCURSAL DE LA CAJA DE ARQUITECTOS. MADRID. 2004-2005

La vida de los techos que alguna vez estuvieron llenos de lámparas se continúa al añadir no sólo nuevas luminarias suspendidas sino también otros elementos eléctricos como las cámaras de seguridad, los detectores de movimiento, la señalización de las vías de evacuación o el alumbrado de emergencia. La sencillez en el tratamiento del techo liso contrasta con este conjunto de piezas relacionadas con la luz artificial y con la protección ante el fuego que cuelgan a diversas alturas del cielo raso. Como los conductos del aire acondicionado van por dentro de los muebles, solo la luz circula por lo alto. Queda así declarada la guerra al falso techo. El logotipo de la Caja de Arquitectos, la Q, se suma a este conjunto suspenso: es una pieza de latón que, sujetada por un fino alambre, gira en el aire. Esta serie de elementos suspendidos se multiplica gracias a varios espejos dispuestos por el local. Sobre todo, por aquellos colocados en las esquinas que tienen la virtud de reflejar una parte de la habitación y en cuyo reflejo, sin embargo, no queda contenido el propio espectador. Si a este primer reflejo se cruza, como ocurrirá varias veces, un tercer o cuarto espejo, las visiones entran en un sin fin multiplicativo. Nada más chocante, podría pensarse, que introducir esta exposición de espejos, que tanto recuerda los deseos de agrandamiento del mundo doméstico y de los pequeños comercios, en el ámbito de una nueva sucursal bancaria. Y es que se deseaba incidir críticamente sobre las imágenes preestablecidas de las oficinas de banca y expresar que la sucursal de una entidad cuyos clientes son mayoritariamente arquitectos, puede valerse mediante otras señales. Por las paredes, en vez de cuadros, hay algunos murales en los que los materiales arquitectónicos, dispuestos ya troceados o separados por finísimas juntas, se exponen como si fuesen valiosas capturas. Son, en el mural principal, las piezas sobrantes de diversos granitos y mármoles utilizados por lo común para encimeras de cocinas y baños. Tiras decaladas entre sí de mármol azul embarcado en la India. Mármol Macael amarillo procedente desde Almería. Pequeños discos del mármol llamado Gaugin. Troncos de árboles mostrando la conformación de sus anillos, traídos desde Balsaín, coloreados de oro. Esta exposición de materias desea mostrar algunas cuestiones esenciales: la importancia de la medida y la repetición, la importancia del tamaño comparativo y de la desigualdad, la importancia de la resonancia debida a la repetición de elementos emparentados entre sí y la preferencia por el peso de los cuerpos y no por su precio.