un nuevo miembro en el mismo espacio

Esta vez, se trataba de la reforma integral de una vivienda de unos 45 m2 en el bajo de un edificio en Madrid donde vive una pareja joven con su hija de 2 años.



El encargo partió de la necesidad de sacar un segundo dormitorio, de cara al momento en que la niña empezara a requerir su propio espacio. Pero no querían agobiar más el resto de la casa ni perder la escasa luz natural que tenían.



Como solución, se propusieron unas habitaciones de dimensiones mínimas y con una geometría planteada para rascar centímetros de todas partes y, a la vez, suavizar sus volúmenes tanto desde su interior como desde el espacio común. Además, esos volúmenes se romperían con unas 'ventanas' que, aparte de aligerarlos, permitirían ganar claridad a la zona interior de la casa, antes muy oscurecida, y mantener la continuidad visual con el exterior en todo momento.



El uso predominante del color blanco, la iluminación indirecta recalcando la fluidez de las formas y la paleta reducida de materiales, permitió también descargar el espacio y, al contrario de empequeñecerlo, sacarle mucho más partido.